Compra de Terrenos

Un tema de gran trascendencia: Compra de Terrenos


La compra de los terrenos sociales fue uno de los temas que más trascendencia originó en el arranque como sociedad del Grupo. En un principio los antiguos terrenos de la calle de El Molino, que lindaban con las calles del Gas (más tarde Menéndez Pelayo) y Ezcurdia, y con unos almacenes que estaban en lo que es hoy la calle Premio Real, fueron conseguidos por los socios fundadores en un arriendo prorrogable y una renta muy asequible, que habían gestionado con Dionisio Cifuentes.

Con el auge social adquirido en tan solo dos años, la directiva deseaba mejorar las instalaciones y ello daba lugar a que, con el contrato de arrendamiento que tenían firmado, las nuevas construcciones pasasen a su propietario.

Tras una reunión celebrada en diciembre de 1940 se estudio una propuesta encaminada a lograr del propietario la venta a largo plazo, con un módico interés. Después de tres meses de conversaciones se firmó un contrato de arriendo elevando ligeramente la renta y, otorgando en compensación, una opción de compra que duraba ocho años, o diez, si al término de ocho se abonaban a cuenta del precio establecido de 150.000 pesetas. Si no se hacía uso de ella, quedaba ya el Grupo para lo sucesivo como simple arrendatario, se elevaba la renta a 12.000 pesetas anuales y las construcciones que se tenían proyectadas quedarían en poder del propietario.

En 1946 se liberó el crédito bancario concertado y se cesó en la ejecución de toda nueva obra o mejora social centrando ahora los esfuerzos en acrecentar los fondos disponibles con la vista puesta en el 1 de mayo de 1949 en que, al vencer la opción de compra se plantearía al Grupo de Cultura Covadonga el dilema de su existencia.

Todos los gastos los pudieron atender puntualmente y se logró que al llegar la fecha citada, el Grupo pudiera disponer de fondos propios del orden de 75.000 pesetas. Faltaba otra cifra igual para completar las 150.000 pesetas necesarias que deberían entregarse al propietario. Este dinero lo entregaron los socios, recurriendo a una segunda emisión de bonos de 250 pesetas, reembolsables en 20 años por sorteos anuales a partir de 1951, logrando obtener en la suscripción 79.500 pesetas entre 77 socios. Conseguido el dinero para entregar a cuenta, se verificó la entrega al propietario en el plazo escriturado. Solo quedaba vigente el derecho a la compra durante dos años.

Ante el difícil compromiso, a alguien se le ocurrió pensar que para dejar zanjado el asunto había que recurrir a la benevolencia de Dionisio Cifuentes. En la primera entrevista que mantuvieron con el propietario de "La Huerta" no encontraron mala disposición de una persona que desde un principio mostró su temor porque algún día más o menos lejano, si el Grupo no iba bien económicamente, pudiera acabar cayendo en manos ajenas y especuladoras, que se lucraría de un considerable beneficio que el solo quería otorgar a la joven sociedad deportiva.


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se hace efectiva la compra de terrenosLos responsables de la entidad mantenían la misma sintonía de opinión y se plantearon dejar complacido al benefactor, empeñándose ambas partes en que la sociedad deportiva pasase a ser propietaria de la finca por un módico precio, muy inferior al real y que quedara a cubierto de toda futura maquinación. Una asamblea general de socios aprobó el 9 de junio de 1949 la oferta definitiva llevada a cabo. Se abonarán al ya ex-propietario Dionisio Cifuentes, veinte anualidades consecutivas de 13.375 pesetas cada.

Ante el mencionado temor de Dionisio Cifuentes que tenía miedo a que la finca fuese con el paso de los años elemento especulador de alguien, se dejó plasmada una cláusula en el acuerdo, significando que si la sociedad en un futuro desaparecía por las circunstancias que fuesen, la posterior venta de los terrenos se tendrían que hacer en subasta pública ante un notario de Gijón y en el precio del remate tendrían derecho a quedarse con la finca la Asociación Gijonesa de Caridad y Cocina Económica; a falta de esta, el Asilo de Ancianos Desamparados de Gijón; y a falta de ambas, otra institución local de la misma naturaleza benéfica'.

El 23 de abril de 1948 la directiva grupista presidida por Mario de la Torre decide nombrar socio de honor vitalicio a Dionisio Cifuentes Suárez y queriendo perpetuar su memoria, le encargan al escultor asturiano Manuel Alvarez Laviada y Alzueta un busto en bronce del filántropo que realiza desinteresadamente, y que tras lucir a la puerta en las viejas instalaciones de la calle de El Molino, se mantiene ahora bien visible en las actuales.

Casi sin darnos cuenta el Grupo de Cultura Covadonga se incrustó definitivamente en la sociedad gijonesa de aquellos tiempos, que aún no conocía la masiva llegada de personas de otras latitudes que se asentaron en la ciudad debido al desarrollo industrial. Por eso en el ámbito del deporte gijonés, el ahora Real Grupo de Cultura Covadonga tiene la característica popular, amplia y poderosa, que no limita ni sexos, ni edades, ni ninguna condición porque es enorme su generosidad deportiva.

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