Rogelio Llana Blanco

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Rogelio Llana Blanco

(del 14-07-1976 al 11-01-1980)


El 14 de julio de 1976 el presidente número diez de la historia Rogelio Llana Blanco es proclamado como tal en el transcurso de una asamblea general de socios. El nuevo presidente se había iniciado en la gestión directiva de la mano de Jesús Revuelta, siguiendo más tarde con Carlos Prieto, y estaba en posesión de un amplio curriculum deportivo.

Durante el mandato de este hombre la crisis en la gestión que se propagó en el Grupo Covadonga fue de tal magnitud que a punto estuvo de traer consecuencias irremediables para la sociedad. Eran tiempos de transición democrática en España, y en aquella época aparecieron muchos socios con ambiciones políticas de todos los significados, que tuvieron un especial protagonismo dentro de la sociedad. Todo fue muy duro, y las más de las veces desagradable por parte y parte con enfrentamientos repudiables tanto fuera como dentro de las reuniones asamblearias. El germen había comenzado a aparecer después de que el primer equipo de balonmano ascendiese a la máxima categoría con la directiva anterior, y que sus componentes pretendiesen tener unas compensaciones económicas. El equipo directivo había intentado encontrar soluciones buscando recursos atípicos para ellos y también para los primeros equipos de baloncesto y voleibol debido a que los estatutos impedían compensar económicamente a los deportistas del Grupo. Esta cuestión, y también la aprobación en las urnas de un ambicioso plan de obras para lograr una ampliación de las infraestructuras fueron los puntos de inflexión que sirvieron para que el clima social se rompiese bruscamente debido principalmente a las actuaciones de socios de todas las ideas políticas que acabó provocando una crisis tan importante que la entidad a punto estuvo de romperse en mil pedazos. A pesar de todos los pesares el espíritu emprendedor del presidente sirvió para que el Grupo de Cultura Covadonga se potenciase deportivamente. Se creó la figura del director deportivo y a continuación se incorporaron una serie de técnicos de primer nivel en natación, gimnasia, atletismo y piragüismo. Se destacaba a nivel nacional en estas actividades y también en pelota. El equipo de balonmano triunfaba en División de Honor llenando el pabellón grupista cada vez que actuaba. En voleibol se bautizaba internacionalmente al jugar el equipo que la Recopa de Europa contra el equipo turco del Boronkay de Estambul, y el equipo de baloncesto ponía las bases para lograr el ascenso a la Primera División B que era la segunda categoría del baloncesto nacional. También se lograron inaugurar importantes obras y la puesta en funcionamiento del grupo folklórico tuvo una buena aceptación social.

Aquella directiva fue la que decidió que todos los empleados pudiesen ser socios de número con los mismos derechos y las mismas obligaciones que el resto de los asociados. Otro de los acuerdos de esta junta fue la creación de la figura del socio de mérito. Los altos niveles deportivos que se adquirieron, y en aras de salvaguardar lo establecido en los estatutos sociales sobre la compensación a los deportistas obligó a la directiva a tener que encontrar alternativas económicas fuera de los ingresos por cuotas sociales. De nada sirvió el trabajo porque la crisis creada por la oposición estaba abierta, y las diferencias comenzaron a ser insalvables ya que el presidente era el enemigo a batir por la llamada oposición. La reconciliación no llegaba y el deporte se comenzaba a resentir al utilizarse indiscriminadamente el tópico del profesionalismo y de que los proyectos de obras eran irrealizables. Con un lleno total en el pabellón polideportivo se celebra una asamblea el 26 de junio de 1979 pidiéndose un voto de censura para Rogelio Llana y sus directivos que fue aprobado por 507 votos a favor y 403 en contra. Se crea la denominada "Unión Grupista" que trabaja para lograr la ansiada paz social. Fueron los que logran convocar una reunión entre todas las partes en conflicto, incluido el alcalde de Gijón, el socialista José Manuel Palacio que tiene lugar en las instalaciones del Club Hípico Astur. Allí se llega a un acuerdo firmándose un documento que se dio en llamar "El pacto del Chas" en donde se refleja lo acordado. En otra asamblea se aprueba dicho pacto por un total de 241 votos a favor y 141 en contra. Lo que se aprobó en esta asamblea para salvar la situación económica del momento fue el controvertido pago de una derrama que quedó establecida en 10.000 pesetas para los socios familiares, 6.000 para el individual y 2.000 para el infantil. Estaba considerado como una medida urgente, de carácter obligatorio y además vinculante.

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